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La Comarca del Jiloca es una encrucijada de caminos, culturas y tradiciones que nos han dejado numerosas huellas. Señales, símbolos, costumbres que con solo observarlas nos muestran la variedad y riqueza cultural de nuestros antecesores en la ocupación de este territorio.
Los primeros asentamientos aparecen en el V milenio a. C., organizados en espacios cerrados y localizados en cimas de montes, zonas de difícil acceso. Se trataban de construcciones de piedra y adobe, techumbre de cañas, paja y barro.
A partir del s. V a. C., tras la expansión de la cultura ibérica procedente de Levante, estos primeros poblados evolucionan provocando cambios comerciales y metalúrgicos y surgiendo así la cultura celtibérica.
Entre 154-133 a.C. se romaniza el valle del Jiloca, manteniendo la población autóctona pero con una nueva estructura social. Algunos poblados celtíberos son abandonados y se sustituyen por ciudades romanas sin fortificar. Ejemplos de ello son La Caridad en Caminreal, Leonica en San Esteban (El Poyo) y La Loma en Fuentes Claras, además de los puentes de Luco de Jiloca y Calamocha que pertenecían a importantes calzadas romanas.
La dominación visigótica y musulmana apenas han dejado un legado. La primera presencia cristiana se lleva a cabo con la llegada de las huestes de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, en la localidad de El Poyo. En el año 1120 las tropas de Alfonso I derrotan a los musulmanes en la "Batalla de Cutanda", lo que le permitió avanzar en la conquista del Valle del Ebro y gran parte de las serranías meridionales.
En 1122, Alfonso I funda la localidad de Monreal del Campo. Ante el avance cristiano, esta zona quedó despoblada, a excepción de algunos musulmanes que permanecieron en Burbáguena y Báguena. Se intentó repoblar y colonizar el territorio conquistado con la implantación de órdenes de caballería y cesión a señores feudales, pero el fracaso de este sistema llevó a una nueva organización social, cuyo eje central fue el fortalecimiento de Daroca, atrayendo nuevos pobladores y formándose en 1248 un ente político propio llamado "Comunidad de Aldeas de Daroca".
Celtíberos, romanos, árabes, cristianos, nos han dejado una arquitectura civil y religiosa, unas tradiciones y en definitiva unas formas de vida, que en algunos casos aún perviven, como es el cultivo del apreciado azafrán desde época musulmana.
Tras la conquista de Teruel y Valencia el peligro musulmán desaparecía, ya no procedía del sur, sino que, consolidadas las fronteras, la amenaza se localiza en el oeste, en el Reino de Castilla. Las guerras entre los reinos de Aragón y Castilla serán constantes durante la Edad Media hasta la consolidación del enlace entre los Reyes Católicos, que llevó la paz a Aragón y Castilla. Castillos, iglesias fortificadas y restos de murallas, en mejor o peor estado, se reparten por estas tierras.
Durante el s. XVI se produce un crecimiento de los cascos urbanos como consecuencia del aumento demográfico. Se hace necesario roturar nuevos campos y mejoras en el regadío, además de construir numerosas fuentes y lavaderos públicos, importante ejemplo de arquitectura civil, de gran interés patrimonial por su belleza y utilidad. Destacan también los trinquetes, funcionalmente transformados en su mayoría que nos muestran la relevancia social que tuvo el juego de pelota mano y los llamados "peirones", construcciones dedicadas a la advocación de los santos y cuyo fin es guiar al caminante a lo largo de su recorrido.
El s. XVII trajo epidemias y hambre, lo que asoló el territorio. Pero esta crisis de mortalidad se equilibro con las corrientes migratorias procedentes de Francia, Vascongadas y Navarra, que se dirigieron, sobre todo, hacia Sierra Menera y el Valle del Jiloca.
El último cuarto de s. XVIII y primer tercio del s. XIX fueron nefastos: epidemias, guerras, crisis industrial…. Pero a comienzos del S. XX se observan mejoras en las infraestructuras (llegada del Ferrocarril Central de Aragón, la línea de Caminreal), minería en Ojos Negros, mejoras en la agricultura, …. Aspectos que chocan con el proceso emigratorio que se produjo hacia las grandes ciudades: Zaragoza, Madrid, Valencia y Barcelona.
En la Comarca del Jiloca encontramos también vestigios de guerras más recientes en el tiempo y en la memoria de nuestros mayores, como el patrimonio bélico que se conserva en los municipios de Rubielos de la Cérida, Singra y Fonfría, con trincheras, parapetos, bunkers y nidos de ametralladora.
En el último cuarto del s. XX se produjo el cierre de las minas de Ojos Negros, pero tuvieron lugar otros hechos esperanzadores como el futuro industrial, la consolidación de mataderos y secaderos de jamones, la aparición de industrias, el fortalecimiento del sector servicios y la apuesta por el turismo.
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